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Una historia medieval muy viva

El pasado jueves día 23 de marzo continuamos el VI Ciclo de Conferencias de Jóvenes Historiadores/as, organizado nuestra Asociación como costumbre en la Casa de la Juventud. En esta ocasión la conferencia fue impartida por Francisco Jesús Vías Vega, Graduado en Historia y Máster en Profesorado de Educación Secundaria, el cual analizó cuestiones realmente interesantes sobre la evolución del armamento militar durante el período comprendido entre los siglos XII-XV. En un primer momento, Francisco inició sus reflexiones en torno a la guerra como un binomio inherente del ser humano. A lo largo de la Historia la trascendencia de la guerra ha exigido a los seres humanos incorporar innovaciones tecnológicas dependiendo de las circunstancias. La Edad Media fue un tiempo de constantes batallas y acciones violentas. Este aspecto queda de manifiesto en la propia concepción social, es decir, la sociedad medieval contaba con un estamento dedicado exclusivamente al oficio de la guerra: los bellatores.

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Uno de los miembros de “Guardia de Poniente”.

A lo largo del Medievo se produjeron transformaciones referentes al armamento. Entre finales de la Alta Edad Media y principios de la Plena Edad Media, la indumentaria defensiva del caballero estaba compuesta por una armadura o loriga, un yelmo y un escudo. La loriga consistía en una armadura que protegía el torso del guerrero y estaba constituida por anillos de metal entrelazados, formando la denominada cota de mallas. A partir del siglo XII se produjeron cambios sustanciales como la incorporación de calzas de mallas o brafones que cubrían las piernas del caballero, la cabeza además del casco se protegía con una capucha o cofia de anillos de metal y, también, a fines de este siglo se incorpora las manoplas de malla para las mallas, quedando como un auténtico “guerrero cubierto de hierro”. El casco característico de este período era el nasa o facial y el escudo típico era de forma almendrada denominados comúnmente como de cometa o lágrima. En el siglo XIII la costa de mallas sufrió cambios con la incorporación de pequeñas piezas metálicas, asimismo, aparecen los yelmos troncocónico o de tonel y los escudos fueron reducidos en tamaño como consecuencia de las protecciones corporales. En el siglo XIV aparecieron nuevos elementos como los petos de metal, al mismo tiempo que surgieron las cotas de mallas realizadas con placas metálicas. El casco troncocónico será sustituido por el bacinete cuyo origen se remota a las primeras décadas del siglo XIV. Todas estas innovaciones permitieron configurar al caballero como íntegramente cubierto de metal portando el arnés completo o armadura en el siglo XV. Este hecho provocó un cierto desuso del escudo puesto que los arneses otorgaban una protección excelente.

La conferencia resultó dinámica y amena. Francisco como miembro del Equipo de Combate Medieval “Guardia de Poniente” llevó a su ponencia a un compañero ataviado con una armadura del siglo XIV, donde se apoyó para llevar a cabo sus explicaciones. Una manera diferente de concebir la Edad Media de forma más práctica y experimental. Por último, el historiador Francisco Vías respondió las diferentes cuestiones suscitadas por el público y, una vez finalizada la rueda de preguntas, los asistentes tuvimos la oportunidad de experimentar con las diferentes armas.

Texto: Daniel Ríos Toledano.

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La (desconocida) herencia medieval de nuestra ciudad

El pasado jueves 8 de abril retomamos el V Ciclo de Conferencias de Jóvenes Historiadores/as, organizado por la Asociación Cultural y Universitaria Ubi Sunt?, como siempre en la Casa de la Juventud. Tras dejar atrás la Antigüedad Clásica pasamos a la Edad Media, en concreto al Medievo gaditano que, en una de esas injusticias inexplicables, suele ocupar una posición secundaria ante el interés que despiertan el Gadir fenicio, el Gades romano o el Cádiz de 1812. De la mano de Daniel Ríos Toledano nos llegó la conferencia “El legado del Cádiz medieval”, una reivindicación en toda regla con la que quiso revalorizar esos siglos de la historia local en los que esta aparece tradicionalmente reducida a un triste villorrio de pescadores, algo que no es así ni por asomo. Ante un público de lo más numeroso, Daniel demostró lo equivocados que estábamos a este respecto y todo el trabajo que queda aún por hacer.

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El público llenó el Salón de Actos de la Casa de la Juventud. Fotografía de José Joaquín Rodríguez.

            Utilizando fuentes de muy distinto tipo y con el foco puesto tanto en el Cádiz musulmán como en el cristiano, fue desentrañando cuestiones tan interesantes como el porqué de su ubicación tan característica en lo que hoy es el barrio de El Pópulo (para lo cual se remontó a los orígenes más remotos del enclave a través de autores grecolatinos), las informaciones arrojadas por figuras de renombre como San Isidoro de Sevilla o el cronista Agustín de Horozco, entre otros; la importancia de los textos de origen islámico; los hallazgos arqueológicos en el graderío del teatro romano que, en época almohade, se utilizó como solar para viviendas; los distintos grabados relativos a la villa que muestran la cerca medieval, con su castillo y el recinto amurallado; o cuanto sabemos de edificios religiosos como pueden ser las mezquitas, los baños, las maqbaras (cementerios) y las ermitas, etc. Es decir, una visión de conjunto completísima sobre el particular.

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Jesús García presenta al conferenciante Daniel Ríos. Fotografía de Santiago Moreno.

            A modo de conclusión, insistió en el desconocimiento generalizado que sigue presente cuando hablamos del Cádiz medieval, en el filón que tienen ante sí los jóvenes historiadores para posibles tesis doctorales, e incluso llegó a mencionar documentación inédita que permanece en Reino Unido -desde el saqueo inglés de 1596-, a la espera de que algún estudioso las aborde como es debido. El propio Daniel dijo mostrarse interesado en ello si una beca le permite cumplir con sus objetivos, y esperamos que así sea ya que su ponencia dejó claro a todos los allí reunidos de lo que es capaz. Los asistentes plantearon diversas dudas y reflexiones al término de la exposición, y el ponente respondió a las mismas para aclarar cualquier cosa que pudiera quedar en el aire. Estamos convencidos de que sus futuras investigaciones servirán para arrojar luz sobre esta etapa tan oscura del pasado gaditano, una etapa a la espera del renombre que hasta la fecha se le ha negado.

Israel Santamaría Canales