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¿Antitaurinos?… simplemente maleducados, ignorantes e intolerantes

El pasado jueves 14 de abril en la gaditana Casa de la Juventud, tuve el honor de presentar la intervención del  graduado en Historia Francisco Salvado Manzorro que, sobre el tema “De la Tauromaquia a caballo al toreo a pie: los toreros de Chiclana de la Frontera en los siglos XVIII y XIX”,  se integraba en el V Ciclo de Jóvenes Historiadores, organizado por la Asociación Cultural y Universitaria Ubi Sunt?, y con la tutela de la Concejalía de Juventud del Excmo. Ayuntamiento de Cádiz y la Universidad de Cádiz.

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Aspecto del Salón de Actos de la Casa de la Juventud el pasado 14 de abril. En la mesa, de izq. a dcha. José Marchena y Francisco Salvado.

Se trataba de un estudio, en base a su Trabajo Fin de Grado, donde exponía una serie de hipótesis y datos sobre la evolución del toreo a caballo hacia el toreo a pie, desde el protagonismo de los toreros nacidos en Chiclana, y considerando diversos aspectos de carácter político, técnico y cultural. Lo que en un principio debía discurrir con la normalidad que todo tema científico expuesto a unos asistentes y en un audotorio público no fue así cuando un grupo de sujetos  intentaron convertir el acto -sin conseguirlo- en un lugar donde, en medio de acciones irracionales, intolerantes y tendenciosas, pretendieron imponer supuestos criterios antitaurinos (¿?), frente a un público que escuchaba educada y respetuosamente al conferenciante. A lo largo de su exposición dichos sujetos interrumpieron en distintas ocasiones, no respetando parte de lo que allí se planteaba, exigiendo utilizar otras expresiones, a su parecer, más adecuadas (¿?) y censurando que dicha conferencia se diera en un lugar público (¿?). Desde la dirección de la mesa, se les pidió amablemente que dejaran terminar al conferenciante y expusieran sus ideas al final de la intervención, pero siguieron interrumpiendo el acto, sin escuchar las indicaciones y mostrando una actitud insolente, despreciativa, intolerante y agresiva con los que allí nos encontrábamos.

A pesar de ello, a pesar de vivir momentos de cierta tensión, y a pesar de que el conferenciante tuvo que luchar contra gritos, falta de silencio y secuencias de tensión, consiguió terminar el acto, en medio de la aprobación y el reconocimiento del público asistente, y en medio de la frustración, violencia dialéctica y gestual y a mi parecer, ejerciendo el más espantoso ridículo, por parte de unos sujetos que, en ningún momento, aceptaron la libertad de expresión, la libertad de cátedra y los más mínimos principios del respeto, tolerancia y educación hacia el semejante -más cercano a los animales que supuestamente defendían-.

Tengo pues, que felicitar al conferenciante por su firmeza en ese primer paso de acercamiento al tema, porque, se quiera o no se quiera y al margen de posibles opiniones en contra o en favor, es legítimo, lícito y conveniente, estudiar, investigar, conocer y difundir el conocimiento de cualquier tema, sea el que sea, dentro del respeto y los límite de la ciencia y las hipótesis de investigación y de academia. Y además si antes de su conferencia pretendía seguir investigando en el asunto, después de esta va a seguir haciéndolo con más énfasis.

Felicitar también a Ubi Sunt?, porque siguen trabajando en pro de la historia, del saber, de conocer y conocernos un poco más y por ampliar la cultura, que es lo que nos aleja de las cavernas, la irracionalidad y la violencia, de cuya muestra vimos algunos botones en la conferencia del pasado 14 de abril.

Felicitar por último al equipo de gobierno municipal y a su concejala de Juventud María Romay y a todo su equipo técnico, porque dieron un ejercicio de tolerancia, respeto científico y libertad de pensamiento, y demostrando ser posible aceptar cualquier tema aunque teóricamente, no tuvieran una gran afinidad con el tema que se presentaba.

En cuanto a los sujetos que intentaron reventar la conferencia y fracasaron en su cometido, decir bien poco porque no se lo merecen y porque la ignorancia es el mejor premio y merecimiento a su actitud. Ya hace tiempo que vivimos en un régimen de libertad de expresión y de respeto, aunque dichos señores no deben conocer muy bien en qué consisten estas palabras. Si supuestamente su asistencia lo hicieron en calidad de “antitaurinos” les diré, y de esto creo entender algo quien lleva más de veinte años estudiándolo, que el término les viene grande. Llamar así a quienes actuaron de tal manera, sería grandemente injusto con una corriente de pensamiento que, casi desde el principio de la tauromaquia, intentaron argumentar, razonada y científicamente, sus propios criterios. Como comprenderá, meterlos en la misma buchaca de San Isidoro, Lope de Vega, Quevedo, la Reina Isabel la Católica, el padre Sarmiento, José Vargas Ponce, Jovellanos, Cadalso, Fernán Caballero, Moreno Espinosa, Álvarez Espino o José Sanz Pérez, como ejemplos de una casi interminable nómina de polemistas, doctos, científicos y razonados antitaurinos es, como poco, una broma.

Si pensaron que la conferencia del señor Salvado Manzorro hizo apología de la tauromaquia, estoy convencido que la actitud de los susodichos agitadores, errónea, agresiva e intolerante, pudo realmente ganar más adeptos al mundo de los toros que lo contrario. Pero desde luego, no creo que nadie de los allí presentes viera en estos sujetos representantes de nada ni de nadie. Más bien, paladines del despropósito, del surrealismo y de actitudes que si bien afortunadamente no suelen proliferar, nos recuerdan que no hay que bajar la guardia frente a los represores de la libertad de expresión y de la ciencia.  El gran escritor del 98 y pensador antitaurino Eugenio Noel, se llevó toda su vida dando charlas y conferencias por España, en medio de los incomprensivos e intolerantes taurófilos, que asistían a dichos actos para reventar su plática. El pasado 14 de abril sucedió lo mismo, pero cambiándose las tornas. Si don Eugenio hubiese levantado la cabeza el pasado jueves, y se hubiera acercado a la Casa de la Juventud, no me cabe duda que se hubiera situado en la mesa de conferenciantes, porque para nada se hubiera visto reflejado con aquellos sujetos. Porque Noel fue antitaurino, pero educado, docto y tolerante. A diferencia, los sujetos que fueron a la conferencia del señor Salvado Manzorro, no fueron antitaurinos…simplemente maleducados, ignorantes e intolerantes.

José Marchena Domínguez

Director General de Extensión Cultural y de Publicaciones de la Universidad de Cádiz

Profesor Titular de Historia Contemporánea de la Universidad de Cádiz

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